Llevo tres años al frente de la Agencia Vasca de la Innovación, Innobasque, y desde el primer día sé que una de nuestras misiones es ayudar a las empresas a introducirse en el itinerario de la innovación porque sin ella los ciudadanos no tendremos un buen futuro. Parece un mensaje sencillo; el mercado exige innovación y quien no se la ofrezca acabará siendo expulsado de él. Unas veces nos pedirá nuevos productos o mejoras en los que ya ofrecemos. Otras, tecnología que nos haga más sostenibles, modelos de negocio que incrementen la eficiencia de nuestros procesos o renovadas estrategias de marketing que eleven las ventas. Y algunas veces, al
2020 marca el principio de una década incierta, aunque sumamente interesante. Ante nosotros se abre un horizonte de desafíos y el más importante, en términos estructurales, es la gobernanza europea, porque afecta directamente a la consolidación de nuestra fortaleza tecnológica e industrial, y por ende, a nuestro futuro. Aquí está el terreno de juego de Tecnalia, una organización tecnológica excelente en la costa atlántica europea, que aporta valor al sistema tecno-industrial europeo, y en consecuencia, atractiva para el capital humano con vocación de innovación tecnológica. Esta consideración, que nos obliga a contemplar nuestra visión y mi

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