Qué difícil debe de ser definir la misión de la empresa en un tiempo como el actual en el que la complejidad, que no la confusión, es una de las características clave de la sociedad globalizada, o, mejor dicho, de la sociedad del conocimiento. En los últimos 50 años, por poner una etapa personalmente vivida y conocida, se han escrito definiciones de la misión de empresa, excesivamente limitadas y por supuesto no pensadas. Todos hemos conocido frases como “La empresa está para ganar dinero”. Se decía tan rotundamente que no cabía más interpretación que la simplicidad de la definición. En los años 80 y 90 apareció otra rotunda definición, “G
La adhesión a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU está de moda actualmente, tanto en las organizaciones empresariales, como sociales y políticas. Su inclusión en las agendas se ha convertido en la constatación de una forma de hacer las cosas. Una especie de sello de calidad. Pero si antes hablábamos de moda, tenemos que puntualizar que, en el caso vasco, eso no es así. Con esa denominación o con otras, la actividad empresarial e institucional se ha caracterizado por tener metas compartidas y no contrapuestas: un crecimiento económico sostenible, un proyecto empresarial rentable, con la persona en el centro y con el compromiso s

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