Hace unos días conocimos que la economía vasca caía en junio un 19,5%, y se prevé cerrar el año con más del 10% de bajada. Una contracción del PIB a consecuencia del covid que muestra la profundidad de la crisis en la que nos encontramos. Un auténtico jarro de agua fría que, no por esperado, nos ha puesto frente a la crudeza de la situación. En este escenario, las instituciones ultiman un Plan de Reconstrucción, que movilizará 10.000 millones de euros para incentivar el desarrollo empresarial y que prevé recuperar todo el empleo perdido. Y todo ello, con el objetivo de que Euskadi continúe siendo un país industrial. Los mensajes son claros:
La pandemia lo ha cambiado todo. Hasta el pasado 14 de marzo, nuestra previsión para este año indicaba una ligera desaceleración con respecto a los crecimientos de años anteriores… pero, en ningún caso, hablábamos de recesión. Incluso se preveía un vigor suficiente de nuestra economía como para seguir creando empleo. Ahora, la situación es bien distinta. En Euskadi, la dureza con la que la crisis está golpeando nuestro tejido empresarial queda bien reflejada con el dato que dábamos a conocer a finales del mes julio: había entonces registradas en la Seguridad Social, alrededor de 1.500 empresas menos que en el mes de febrero, antes de que c

 (1).gif)