En la actualidad, nos encontramos en un momento decisivo en el que las entidades gestoras del ciclo urbano del agua compiten por la obtención de fondos europeos que faciliten la implementación de nuestros planes de digitalización. Esta competencia es un fenómeno poco habitual para las entidades públicas, que tradicionalmente hemos estado más acostumbradas a la colaboración mutua en los diversos ámbitos de gestión del recurso hídrico. Sin lugar a dudas, este proceso ha representado y continúa representando un desafío significativo para el sector, que ha demostrado, una vez más, su capacidad de adaptación a las necesidades y requisitos estable
Si echamos la vista atrás en el tiempo, apenas unas décadas, es fácil encontrar en la historia reciente de Euskadi ejemplos concretos de transformaciones profundas, no sólo tangibles y materiales, como las que se han dado en la reconversión de nuestras ciudades y su economía, sino también en la evolución de las preocupaciones de la ciudadanía que, por ejemplo, en estos momentos, refleja la adaptación al cambio climático como una de las principales. Así, siguiendo este dictamen social, nuestras instituciones públicas están promoviendo la neutralidad climática de nuestro territorio, siendo pioneros y ambiciosos en la adquisición de compromisos
