“El futuro de la sociedad laboral exige ambición y vanguardia”

Jone Nolte, gerenta de ASLE

Jone Nolte, gerenta de ASLE.

La reciente Asamblea General de ASLE ha sido un espejo nítido para compartir nuestra realidad y, sobre todo, para proyectar nuestro futuro. Las sociedades laborales y las empresas participadas no representamos una mera anécdota en el tejido vasco; somos una fuerza económica estructural profundamente anclada al territorio. Los datos respaldan esta afirmación: mientras el tamaño medio de las empresas vascas ronda las seis personas trabajadoras, nuestras organizaciones asociadas alcanzan una media de 20. Esta notable dimensión supera con creces los marcos de referencia español y europeo, algo que se complementa con una aportación media al capital de 42.000 euros por cada persona socia trabajadora, frente a los 25.000 euros de las sociedades convencionales.

Debatir hoy sobre competitividad y vanguardia es el resultado natural de una trayectoria de más de 45 años resolviendo problemas complejos del entorno. Nacimos evitando la pérdida de tejido empresarial y empleo en la crisis del petróleo; ante la apertura a la Unión Europea, impulsamos el emprendimiento colectivo ‘ex novo’; y tras la crisis financiera, consolidamos un modelo de propiedad mucho más equitativo y participativo, elementos distintivos de sociedades laborales exitosas. Recientemente, durante la crisis sanitaria, volvimos a actuar como un colchón socioeconómico vital, demostrando nuestra gran resiliencia. Esta capacidad de respuesta sigue plenamente activa; gracias a la adecuación de la capitalización por desempleo para contratos indefinidos, hemos incorporado en torno a 200 nuevos socios y socias en solo dos años, ofreciendo un empleo de máxima estabilidad y calidad. Nuestro compromiso histórico con la sociedad se traduce en un hecho empírico innegable: la sostenibilidad de nuestros proyectos. Mientras la estadística general advierte que apenas el 42% de los negocios supera la barrera de los cinco años, las sociedades laborales presentan una resiliencia real cercana al 60%. La solidez es aún más evidente bajo el paraguas de ASLE, donde los proyectos creados en los últimos cinco años registran un indicador de supervivencia del 92%.

El dinamismo demostrado a lo largo de los años, debe ser palanca para abordar los desafíos del presente y del futuro. Europa y Euskadi se están enfrentando a una ola masiva de transmisiones de empresas por jubilación, un reto agravado por la escasez de perfiles profesionales y las exigencias de las nuevas generaciones que buscan empleos con propósito. En ASLE ya combatimos este escenario con más de diecisiete proyectos de relevo en marcha y fidelizando talento joven mediante la copropiedad en proyectos transformadores. Pero también somos conscientes de nuestra capacidad de mejorar nuestras respuestas y soluciones, desplegando nuestra creatividad y explorando nuevas vanguardias. Por ello, ASLE ha asumido la responsabilidad de liderar este reto. Estamos inmersos en una modernización interna que abraza la transformación digital y proyectos como AsleSare y formaSare, nos ayudan a transitar hacia una cultura de participación más sólida y a acompañar a las empresas desde un enfoque puramente anticipativo. En este trayecto emerge una brecha crítica: al igual que el modelo organizacional de ASLE evoluciona con firmeza, el modelo empresarial de las sociedades laborales debe hacerlo exactamente al mismo ritmo. No basta con modernizar la asociación; debemos revolucionar la propia arquitectura societaria de nuestras empresas. Ambicionamos aperturar el concepto e innovar de manera integral en lo jurídico, fiscal, financiero y en la gobernanza, explorando fórmulas como los vehículos intermedios que ya triunfan en otros modelos europeos o la adaptación de la capitalización por desempleo a los procesos de relevo. En coherencia, nuestra narrativa debe visibilizar nuestro reposicionamiento y evidenciar que hace tiempo que dejamos atrás sesgos arcaicos que nos asocian exclusivamente a empresas en crisis y empresas pequeñas, porque eso no refleja nuestra realidad.

Queremos seguir apostando por un modelo que, sin perder la esencia que nos caracteriza, facilite el dimensionamiento, la internacionalización, la innovación, la sucesión empresarial y el emprendimiento colectivo, tejiendo nuevas alianzas y ampliando las estructuras para dar cabida a nuevas formas de participación. El horizonte nos ofrece una profunda ilusión estratégica. Existen inmensas oportunidades mediante la adaptación de nuestra fórmula a los retos de hoy. Un modelo renovado y amplio de sociedad laboral es una oportunidad irrenunciable para construir una economía más democrática y competitiva. Y, en eso es en lo que estamos trabajando. Y, así lo contamos en nuestra asamblea general. Fuimos una solución del pasado y somos, indiscutiblemente, una oportunidad óptima y estratégica para el futuro. 

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