“Más que dinero: por qué es necesario complementar la financiación tradicional para la empresa vasca del futuro”

Amaia del Villar, directora general del Instituto Vasco de Finanzas

Amaia del Villar, directora general del Instituto Vasco de Finanzas.

Históricamente, la dificultad en el acceso a la financiación -con las pymes como principal sector afectado- se fundamentaba en la información asimétrica, una elevada bancarización y los episodios de restricción crediticia. A esto se sumó el consiguiente endurecimiento de los criterios de riesgo, derivado de las revisiones normativas dirigidas a mejorar la resiliencia del sector financiero, así como el proceso de concentración bancaria al que asistimos en estos momentos.

Ahora bien, ese diagnóstico es incompleto actualmente. En un escenario de abundante liquidez —pública, privada, nacional e internacional— y lejos ya de los periodos de tipos de interés negativos, las limitaciones no proceden de una escasez de recursos disponibles. Los desafíos están ligados a la necesidad de alineamiento entre la oferta financiera y las condiciones necesarias para la transformación del tejido productivo vasco.

Las economías afrontan retos inéditos: la digitalización, la sostenibilidad, la innovación como elemento diferencial de competitividad, la ciberseguridad, la consolidación de las cadenas de valor, el redimensionamiento o el arraigo empresarial.  Responder a estos retos exige inversiones de mayor volumen y complejidad técnica. Se trata de proyectos a más largo plazo, que requieren paciencia financiera, acompañamiento estratégico y capacidad para comprender nuevos perfiles de riesgo.

Sin embargo, este tipo de inversiones no siempre encajan en la lógica de la financiación tradicional. Como resultado, proyectos transformadores y estratégicos, sólidamente fundamentados y determinantes para el futuro económico y empresarial, de Euskadi en este caso, pueden no superar el filtro financiero convencional. No es una cuestión de más recursos, sino de encontrar la solución financiera ajustada a la necesidad específica. Una pyme industrial, una cooperativa, una startup tecnológica o una empresa familiar en proceso de relevo no requieren de la misma solución. La clave está en la personalización, en entender el proyecto y en una adecuada evaluación riesgo‑retorno.

Ante este reto de adaptación financiera, especialmente relevante en un contexto global cambiante y desafiante, marcado por la anticipación y adecuación a los grandes movimientos transformadores como baluarte de la competitividad, la solución debe ser de magnitud equivalente, basada en el compromiso y alineamiento de los agentes de distinta naturaleza del ecosistema. Es ahí donde la colaboración público-privada adquiere todo su sentido, como suma de capacidades complementarias al servicio de la mejor respuesta financiera.

Por un lado, el sector público aporta visión de país, efecto tractor y capacidad para mejorar el reparto de riesgos; por el otro, el privado, proporciona músculo financiero, capilaridad, conocimiento técnico y especialización. Bien alineados, ambos no sólo incrementan los recursos disponibles, sino que también pueden multiplicar el impacto de la inversión.

Esta es la visión que fundamenta la Alianza Financiera Vasca, el acuerdo con los agentes financieros locales y del plan de inversiones Euskadi Eraldatuz 2030, para poder materializar el compromiso del Gobierno Vasco en este marco a través del Instituto Vasco de Finanzas. El objetivo es aunar las capacidades y ponerlas al servicio de la transformación económica e industrial de Euskadi para poder garantizar el desarrollo, el crecimiento, el progreso y el arraigo del tejido económico e industrial vasco, como fuente de riqueza, empleo de calidad y bienestar social.

El tejido empresarial vasco es sólido, pero la transformación que afronta no tiene precedentes. El plan de inversiones Euskadi Eraldatuz 2030 contribuye a cubrir esa necesidad de disponer de los instrumentos financieros adecuados, para que las iniciativas viables no queden rezagadas o pierdan competitividad, sino que lleguen a materializarse. Financiar bien es transformar mejor. Y transformar mejor es la única garantía de prosperidad compartida y sostenible a largo plazo.

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