La resaca de los informes realizados hace un año por Mario Draghi y Enrico Letta ha marcado la agenda de una Europa obligada a acelerar de cero a cien en términos de competitividad para encontrar su sitio en el tablero geopolítico de la competitividad mundial. La innovación se erige en una herramienta esencial en esa hoja de ruta que anuncia el doble de presupuesto a partir de 2028 para el Programa Marco Horizonte Europa. Hablamos de más de 2.200 millones en siete años para Euskadi, decimoquinta región europea que más fondos capta, siempre a la vanguardia de la innovación europea. Aunque ha transcurrido más de un año desde la publicación de
Proyectos relacionados con ‘cloud computing’, ‘big data & analytics’, internet de las cosas (IoT) o inteligencia artificial representan ya un tercio de los ingresos de las empresas de consultoría, cuya apuesta por la innovación les sitúa como aliado estratégico en las transiciones hacia nuevos modelos de negocio. Una mutación hacia una eminente digitalización a la que se ve obligado también un comercio que convive entre la obligación de adaptarse y mantener su competitividad. Una transformación digital que, si en algún ámbito va a jugar un papel central, va a ser en el de la salud, tanto en el espectro privado como público. Una innovación, en

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