Bizkaia define su hoja de ruta para ser climáticamente neutra y resiliente en 2050
La Diputación Foral de Bizkaia, que ha reducido un 6% su consumo energético, adopta medidas para adaptar al territorio al objetivo de la normativa vasca: alcanzar un 35% para el año 2030
- Estrategia Empresarial
- 08-Enero-2026
La diputada de Medio Natural y Agricultura, Arantza Atutxa, en la presentación del Plan Foral de Actuación Energética. Foto: DFB
En un territorio que ya está experimentando impactos significativos -entre 1971 y 2016 la temperatura media ha aumentado más de 1 °C, se han incrementado los días cálidos, las noches tropicales y las olas de calor, mientras que disminuyen los días fríos...-, la Diputación Foral de Bizkaia ha dado luz verde al nuevo Plan Foral de Actuación Energética, un instrumento clave para profundizar en la transición hacia una administración pública más eficiente y sostenible. La meta es alcanzar el objetivo fijado por la normativa autonómica: alcanzar un 35% de reducción de energía en 2030.
Un dato invita al optimismo: la Diputación Foral de Bizkaia ha logrado ya una reducción del 6% en su consumo energético, lo que supone un ahorro de 6,2 millones de kWh respecto al año base (media 2016-2018). Este avance, según recalcan desde la entidad pública vizcaína, constata la eficacia de las medidas implantadas en los últimos años. El citado plan parte de un diagnóstico energético detallado que analiza la evolución de consumos en edificios, instalaciones, parque móvil y Bizkaibus entre 2016 y 2024. Y cabe resaltar que actualmente existen 352 puntos de suministro y 371 instalaciones, entre alumbrado público, infraestructuras viarias, gestión de residuos o centros de procesamiento de datos.
Las Diputación Foral vizcaína ha logrado una reducción del 6% en su consumo energético, lo que supone un ahorro de 6,2 millones de kWh
Los datos obtenidos en el diagnóstico reflejan avances importantes: los edificios de la Diputación han reducido su consumo un 24%, el parque móvil un 15%, y equipamientos como el Palacio Euskalduna o Aparkabisa alcanzan descensos del 20% y el 30%, respectivamente. En Bizkaibus -que no computa a efectos de la Ley 4/2019- también se aprecia una mejora destacada, con un 8 % menos de consumo pese al incremento del servicio, gracias al proceso de electrificación de su flota. En conjunto, el consumo total se sitúa hoy en 97,8 millones de kWh, frente a los 65,5 millones que deben alcanzarse en 2030.
Mediante este plan, Bizkaia cumple con las obligaciones establecidas por la Ley de Sostenibilidad Energética, que exige inventarios completos de consumos, auditorías y certificados energéticos, control telemático de suministros, renovación eficiente de instalaciones y vehículos, la implantación de energías renovables que cubran al menos el 32% del consumo en 2030, así como acciones de formación, sensibilización y evaluación periódica. Asimismo, también se alinea con la nueva Ley de Transición Energética y Cambio Climático, que sitúa como metas una reducción del 45% de las emisiones para 2030 y la neutralidad climática para 2050, integrando la variable climática en toda la planificación.
Para alcanzar estos compromisos, el Plan Foral de Actuación Energética articula 23 medidas concretas que incluyen la reforzada coordinación interna, la centralización de inventarios, la formación del personal, las auditorías energéticas, la rehabilitación y mejora de edificios, la modernización de la iluminación y la climatización, la implantación de monitorización y energías renovables, la eficiencia en carreteras, la electrificación del parque móvil, el impulso a la movilidad sostenible y la incorporación de criterios energéticos en la contratación y los presupuestos. Cada actuación cuenta con responsables definidos, calendario y presupuesto estimado.
Un clima que ya está cambiando
Bizkaia, que es responsable del 51% de las emisiones de gases de efecto invernadero de Euskadi, ya nota que el clima está cambiando: además de que las temperaturas medias siguen incrementándose, las precipitaciones muestran cambios estacionales y episodios de mayor aridez, con consecuencias que van desde la reducción del rendimiento agrícola y forestal hasta un mayor riesgo de inundaciones o efectos
directos sobre la salud.

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