"Una sociedad, una política y un ecosistema favorecedor para avanzar en innovación inclusiva en salud"

Iñaki Gutiérrez-Ibarluzea, director de Investigación, Innovación y Evaluación Sanitarias. Departamento de Salud del Gobierno vasco

Iñaki Gutiérrez-Ibarluzea, director de Investigación, Innovación y Evaluación Sanitarias. Departamento de Salud del Gobierno vasco

"Cuando las instituciones son extractivas, las sociedades se empobrecen; cuando son inclusivas, prosperan”. — (Paráfrasis de Daron Acemoglu y James A. Robinson, Why Nations Fail, 2012).
Partiendo de esta idea ‒que subraya el papel determinante de las instituciones en la prosperidad colectiva‒, la innovación en salud en Euskadi debe entenderse como un proyecto institucional, social y económico: no es sólo tecnología, sino la consecuencia de pactos, políticas y un ecosistema que trabajan juntos para transformar conocimiento en bienestar y salud.
El primer pilar es la cohesión social. El Pacto Vasco de Salud recientemente firmado constituye la base ética y política que legitima la innovación: una sociedad cohesionada comparte objetivos —mejorar la salud poblacional, reducir desigualdades, y garantizar el acceso— y acepta que la innovación se oriente a esos fines. Sin cohesión, las iniciativas fragmentadas generan resultados desiguales; con ella, las nuevas soluciones encuentran camino y aceptación en la práctica clínica y en la vida de la ciudadanía. La participación de profesionales, pacientes y agentes locales en la definición de prioridades garantiza que la innovación responda a necesidades reales y no sólo a modas tecnológicas.
El segundo pilar son las políticas públicas que favorecen la innovación. Un Plan Estratégico de Investigación e Innovación Sanitaria 2026-2030, construido sobre la base de la línea estratégica de Investigación e innovación del Pacto Vasco de Salud, claro y ambicioso, marca la hoja de ruta: define prioridades, instrumentos de financiación, indicadores de impacto y mecanismos de evaluación. Junto al plan estratégico, los planes operativos son la palanca que materializa decisiones: políticas de compra pública de innovación, incorporadas en los presupuestos 2026, que compren resultados y no productos, modelos de contratación que incentiven el riesgo compartido y la evaluación por resultados; y la construcción de plataformas comunes —por ejemplo, una plataforma única de ensayos clínicos— que agilice la incorporación de nuevas terapias, aporte soluciones donde no las hay y facilite la participación multicéntrica. Estas políticas reducen barreras administrativas, favorecen la escalabilidad y convierten la innovación en una política pública medible y responsable.
El tercer pilar es el ecosistema: la red viva que conecta hospitales (Osakidetza), centros de investigación dependientes del Departamento de Salud (Bioef, BioAraba, BioBizkaia, BioGipuzkoa y BioSistemak) y de otros Departamentos del Gobierno Vasco, universidades, empresas emergentes y consolidadas (BasqueHealthCluster), inversores, agencias públicas y ciudadanía. Un ecosistema robusto promueve la transferencia de conocimiento, acelera el desarrollo de prototipos, y permite ensayos clínicos eficientes. Requiere infraestructuras (laboratorios, plataformas digitales, datos sanitarios interoperables), capital humano (investigadores, clínicos innovadores, gestores) y modelos de gobernanza que faciliten la colaboración público-privada sin perder el interés público. El fomento del emprendimiento, los programas de atracción y retención de talento, y esquemas de financiación que acompañen las fases tempranas hasta la escalabilidad son indispensables.
Integrar coherentemente estos tres pilares —cohesión social, políticas habilitadoras y un ecosistema vibrante— que han sido presentados con éxito en diferentes foros estatales e internacionales convierte la innovación en salud en Euskadi en una fuerza inclusiva: no una promesa aislada, sino una herramienta para mejorar resultados, optimizar recursos y garantizar que la prosperidad derivada del conocimiento se traduzca en salud para toda la ciudadanía. Esa es la ambición: instituciones inclusivas que, como recuerdan Acemoglu y Robinson, son las que realmente permiten a una sociedad prosperar.

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