Cuando hablamos de cooperativismo, muy habitualmente lo asociamos al territorio vasconavarro, ya que esta forma jurídica de empresa está arraigada en nuestro carácter, muy de trabajo en colaboración y de horizontalidad. Un modelo societario que genera cohesión territorial, empleo digno y bienestar, que devuelve a la sociedad buena parte de lo que recibe de ella. Hay que destacar que la economía social –cooperativas, sociedades laborales y participadas...– ha jugado siempre un papel destacado en el desarrollo y progreso de nuestros territorios. Tampoco es desdeñable el ‘efecto red’ que ha ejercido –desde la reconversión industrial hasta las crisis del siglo XXI–, como garante de la continuidad de muchos proyectos empresariales y de la defensa de miles de empleos. Y, todo ello, desde la igualdad, la solidaridad y el esfuerzo compartido. El ejemplo de sostenibilidad y resiliencia del movimiento cooperativo refuerza, aún más, el peso económico de un colectivo que en las comunidades autónomas de Euskadi y Navarra agrupa a 2.100 empresas con más de 1,7 millones de personas socias; que generan 75.000 empleos y facturan, en conjunto, más de 13.000 millones. Un modelo, en suma, con unos cimientos lo suficientemente sólidos como para seguir creciendo y multiplicando el alcance de su labor, que ya cuenta con el reconocimiento social, y que seguirá trabajando, desde la cooperación, para alcanzar todas sus metas.
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