“La empresa vasca, estabilidad en un contexto incierto”

Tamara Yagüe, presidenta de Confebask

Tamara Yagüe, presidenta de Confebask

El año 2025 confirma la capacidad de la empresa vasca para sostener la actividad económica y el empleo en un entorno internacional complejo. Euskadi cierra el ejercicio con un crecimiento del PIB del 2,2%, una cifra superior a la prevista hace un año, aunque menor que el 2’5% de 2024. 
Este mejor comportamiento respecto al inicialmente previsto se explica, sobre todo, por el empuje del consumo privado y de la inversión, favorecida en parte por los fondos europeos, que han permitido mantener proyectos estratégicos en un momento de elevada incertidumbre.
Este crecimiento se ha traducido también en una evolución positiva del empleo. A pesar de las dificultades, la economía vasca ha seguido creando puestos de trabajo y ha alcanzado un nuevo récord de ocupación, superando el millón de personas afiliadas a la Seguridad Social. Cerramos 2025 con alrededor de 12.000 afiliados más, y un nuevo descenso del desempleo con una tasa de paro del 6,3%, la más baja desde 2008, encadenando así cinco años consecutivos de mejora.
No obstante, el balance del año también deja señales de alerta. La industria, pilar fundamental de nuestro modelo económico, ha mostrado un menor dinamismo, afectada por la debilidad de algunos de nuestros principales mercados europeos y por el impacto de las nuevas políticas comerciales internacionales. 
De hecho, un porcentaje importante de nuestra industria, el 25%, reconoce que trabaja en mercados que están recesión. Y así, el sector exterior, ha vuelto a tener una aportación negativa al crecimiento, reflejo de un contexto global más tensionado.
A pesar de que sectores clave de nuestra industria- como la automoción y la máquina herramienta- están sufriendo un frenazo evidente, las perspectivas para el conjunto de nuestra economía en 2026 apuntan a un crecimiento del 2,1%, dentro de una horquilla que podría situarse entre el 1,7% y el 2,6%, en función de cómo evolucionen los riesgos existentes. 
Euskadi crecerá previsiblemente algo menos que el conjunto de la economía española, pero por encima de la media de la zona euro. El empleo seguirá avanzando, aunque a un ritmo más moderado, con unos 10.000 nuevos afiliados y una tasa de paro en torno al 6%, prácticamente alineada con la media europea.
En definitiva, las empresas afrontamos este año con prudencia. La mayoría prevé una evolución estable de sus mercados y niveles de inversión similares a los actuales, aunque condicionados por la finalización de los fondos europeos. 
Persisten, además, preocupaciones relevantes: el aumento de los costes laborales, la dificultad para encontrar personal cualificado y, de manera muy destacada, el absentismo laboral, que se ha convertido en una de las principales inquietudes del tejido empresarial.
A estos retos, como digo, se suman los riesgos derivados de la tensión geopolítica, la política comercial internacional, la evolución de la industria europea y la incertidumbre política en el ámbito comunitario. 
En este contexto, resulta más necesario que nunca reforzar el diálogo y la concertación social, impulsar la colaboración público-privada y apostar por políticas ambiciosas que refuercen la competitividad y la sostenibilidad de nuestra industria.
Sea como fuere, la única certeza es que la empresa vasca seguirá siendo parte de la solución. Lo ha demostrado en 2025 y lo seguirá haciendo en 2026, contribuyendo como principal protagonista al bienestar colectivo mediante la inversión, la creación de empleo de calidad y el sostenimiento de nuestro sistema social. Ese compromiso con Euskadi es nuestro principal activo para afrontar un futuro exigente, pero también lleno de oportunidades.

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