Confieso que, en estos tiempos en los que los debates sobre financiación pública parecen centrarse únicamente en las restricciones presupuestarias, me permito sentir cierta nostalgia de los fondos europeos. No por una cuestión sentimental, sino porque han demostrado ser una herramienta extraordinariamente eficaz para acelerar transformaciones que llevaban años esperando una oportunidad. En el ámbito del agua, los fondos Next Generation y, en particular, los PERTE de digitalización del ciclo del agua, han supuesto mucho más que una línea extraordinaria de financiación. Han sido el catalizador necesario para acometer proyectos que, aun siendo t
