La siderurgia atraviesa uno de los periodos de mayor transformación de las últimas décadas. Y para Euskadi esta evolución tiene una importancia especial. No hablamos únicamente de un sector industrial más, sino de una actividad profundamente arraigada a nuestra historia y a buena parte de las capacidades tecnológicas y empresariales que han configurado nuestro tejido productivo. En un mercado que produce en torno a 1.900 millones de toneladas de acero bruto al año, China concentra más de la mitad de la producción mundial, mientras India mantiene una trayectoria de fuerte crecimiento. La Unión Europea, por el contrario, se encuentra muy lejos
Hablar de la siderurgia en Euskadi es hablar de identidad, historia económica y motor industrial. Durante décadas lleva generando empleo, riqueza y proyección internacional. Sin embargo, hoy atraviesa un proceso de transformación, marcado por la competencia global, el exceso de capacidad mundial, el ámbito medioambiental, la actual coyuntura arancelaria y el ámbito energético. Uno de los temas que sin lugar a duda va a ser recordado en el 2025 es la decisión de la administración Trump de imponer un arancel del 50% al acero (y sus derivados) europeo. Esta medida ha alterado la estrategia de muchas empresas y ha abierto dos frentes: la pérdida

