Recientemente, el Gobierno ha propuesto modificar los criterios que obligan a auditar cuentas, elevando los límites y dejando fuera de esta exigencia a un gran número de empresas. Aunque a primera vista esta iniciativa parezca un alivio —menos trámites, menos costes— detrás de esa visión cortoplacista hay un riesgo que no deberíamos ignorar: confundir la auditoría con una carga burocrática. Porque no lo es.La transparencia que ofrece una auditoría rigurosa permite tomar mejores decisiones y anticiparse a los riesgos. Protege frente a errores, fraudes o malas prácticas, y facilita el acceso a financiación o licitaciones. Pero, sobre todo, gene
Juan Gomeza Garamendi
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