La transición medioambiental alcanza 26.643 empleos en la CAPV y podría sumar 3.000 más hasta 2030

La actividad medioambiental representa ya el 2,47% del PIB vasco, con la industria y la construcción aportando casi la mitad de esa cifra

Ibon Urgoiti, director de Desarrollo de Negocio de Laboral Kutxa, y Joseba Madariaga, director del Departamento de Estudios de Laboral Kutxa. Foto: Laboral Kutxa.

La transición medioambiental ha dejado de ser una tarea de futuro para convertirse en una realidad con impacto directo sobre la economía, el empleo y la competitividad de Euskadi y Navarra. Los cambios asociados a este proceso están transformando sectores clave de la actividad económica y abren nuevas oportunidades, aunque también plantean importantes desafíos en materia de talento, formación e infraestructuras.

Esta es una de las principales conclusiones contenidas en el informe 'Transición Medioambiental en la CAPV y Navarra', presentado en la sede de Laboral Kutxa de Bilbao. La exposición ante los medios de comunicación ha sido conducida por Ibon Urgoiti, director de Desarrollo de Negocio de la cooperativa de crédito, y por Joseba Madariaga, director del Departamento de Estudios.

Este estudio monográfico profundiza en el impacto de la transición medioambiental en la economía y en el mercado laboral, partiendo de la premisa de que no se trata únicamente de sustituir una fuente de energía por otra. La transición exige actuar sobre todo el sistema: qué energía entra, cómo se usa, cuánto se desperdicia, qué impactos se generan y cómo se gestionan esos impactos. En este sentido, la elevada dependencia energética exterior de la CAPV, del 90,1%, traslada el debate ambiental al terreno de los costes, la vulnerabilidad exterior, la seguridad de suministro y la competitividad de las empresas.

En palabras de Ibon Urgoiti, la transición medioambiental “ya está en marcha, aunque de forma desigual”, y no debe entenderse solo como una política climática o ambiental, ya que es también “una cuestión económica”, porque afecta a la energía, a los costes, a la competitividad, a la inversión y al empleo. Así, “lo verde” no debe entenderse como un sector separado. Atraviesa la industria, la construcción, la energía, el transporte, los servicios y muchas otras actividades y, en consecuencia, “no crea una economía paralela, sino que transforma la economía existente”.

El informe constata que la transición en la que estamos inmersos se demuestra en tres planos: energía, emisiones y residuos. En energía, el consumo se ha reducido un 10,2% respecto al periodo 2010-2012, una mejora superior a la media de la UE-27 (6,3%), gracias a avances de eficiencia en la industria, los edificios, los servicios y los hogares. Sin embargo, Madariaga ha señalado que los objetivos europeos para 2030 siguen exigiendo acelerar el ritmo.

En emisiones de gases de efecto invernadero, la tendencia general es descendente, con una excepción relevante: el transporte, cuyas emisiones han aumentado un 9,1% desde 2005. El informe advierte que este dato obliga a ampliar la mirada más allá de la industria o la generación eléctrica, hacia la movilidad cotidiana, el parque de vehículos, la logística y la organización del territorio. En residuos, en cambio, el balance es más positivo: la ratio de reciclaje y compostaje en la CAPV alcanza el 50,3%, prácticamente en línea con la media europea (50,1%) y por encima de España (41,4%).
 
Lo verde no es un sector

Uno de los mensajes centrales de la exposición ha consistido en explicar que “lo verde no es un sector”. Así, el informe de Laboral Kutxa advierte sobre el riesgo de imaginar una economía verde separada del resto de la actividad productiva, cuando en realidad la transición atraviesa sectores ya existentes: la industria, porque producir con menos energía y emisiones será cada vez más determinante; la construcción, por la rehabilitación energética y los nuevos estándares de eficiencia; la energía, no sólo por las renovables, sino también por las redes, el almacenamiento y la gestión de la demanda; el transporte y la logística; los servicios técnicos de ingeniería y digitalización; y los residuos, a través de la economía circular: “No se trata sólo de cuántos nuevos puestos aparecen en empresas que podamos llamar verdes. Se trata también de cómo cambian tareas, perfiles, competencias e inversiones dentro de empresas que ya existen”.

Impacto creciente en la economía y el empleo

En cuanto a las cifras, el estudio distingue con cuidado entre dos magnitudes que no deben confundirse. La actividad medioambiental representa ya el 2,47% del PIB vasco en 2023, con la industria y la construcción aportando conjuntamente cerca de 1,17 puntos, en torno al 47% de toda la contribución medioambiental. En empleo, existe un núcleo estricto de 26.643 empleos verdes (2,8% del empleo total), una medición conservadora vinculada a las Cuentas de Bienes y Servicios Ambientales, y una cifra mucho más amplia de 104.236 empleos en actividades con potencial verde (10,2%), que no deben interpretarse como empleos verdes puros, sino como personas afiliadas a actividades que pueden verse transformadas por la transición medioambiental.

De cara a 2030, las inversiones asociadas a la transición energética podrían generar cerca de 2.969 empleos adicionales en la CAPV. Madariaga ha insistido en que se trata de “una estimación condicionada”, que depende del ritmo de inversión, la regulación, la financiación, la ejecución de los proyectos y la capacidad de las empresas vascas para captar parte de esa actividad.

Retos en clave de oportunidad

Joseba Madariaga ha detallado cinco retos clave para que la transición se traduzca en oportunidad. El primero es asumir que el empleo existente también cambiará, con nuevas tareas y competencias dentro de los sectores tradicionales. El segundo es el talento técnico: perfiles de ingeniería mecánica, eléctrica y electrónica, datos, inteligencia artificial, eficiencia energética, redes y mantenimiento, algunos de ellos ya escasos en el mercado. El tercero es la formación a lo largo de la vida laboral, para acompañar tanto a quienes se incorporan al mercado como a quienes ya están trabajando, evitando desajustes sectoriales y territoriales.

El cuarto reto es lograr una energía competitiva: con una dependencia energética del 90,1%, Madariaga advirtió de que “descarbonizar sin desindustrializar exige energía limpia, sí, pero también asequible, estable y segura”. El quinto reto afecta al propio sistema energético, que necesita más renovables, pero también redes, almacenamiento, flexibilidad, interconexiones y una planificación adecuada de la demanda para evitar cuellos de botella y tensiones de precio.

A modo de mensaje final, Joseba Madariaga ha concluido con una reflexión de alcance: “La transición será una oportunidad si conseguimos convertirla en competitividad, empleo de calidad y resiliencia energética. Si se gestiona mal, puede aumentar costes, crear desajustes y debilitar actividad”.

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