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La bodega Ostatu, de la localidad riojano alavesa de Samaniego ha sido la primera en iniciar un proceso de cálculo de su huella de carbono, comprometiéndose a reducir y compensar sus emisiones de CO2 acogiéndose a proyectos avalados por la ONU. A lo largo de este año Bodegas Ostatu se plantea cambios en su producción y gestión para reducir el impacto medioambiental. Dentro de estas medidas se encuentran ajustes en el diseño con la reducción de formatos, unificación de las cajas de vino, utilización de materiales más sostenibles en el etiquetado y embalaje, sustitución del gasoil por biomasa y botellas de menor peso.
Según la gerente de Ostatu, María Asunción Sáenz de Samaniego, “se trata de incidir en una viticultura orientada a preservar y respectar el medio natural en el que se ubican las viñas y bodegas”.
La denominada “huella de carbono” es la totalidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento o producto" y se mide en masa de CO2 equivalente (CO2e o CO2eq). Una vez conocido el tamaño de la huella, es posible implementar una estrategia de re reducción y compensación de emisiones, a través de diferentes programas. en este caso avalados por la ONU y UNFCCC y registrados con Gold Standard. Todo ello gestionado por Access2 Carbon Markets, Ltd.
Compromiso
María Asunción Saénz de Samaniego explica que se trata de “un fuerte compromiso con el medio ambiente y la conciencia de saber que se está haciendo lo posible para dar un esquinazo al cambio climático”.
“La preocupación por el medio ambiente y los recursos naturales es algo que, hoy en día, una empresa no puede pasar por alto” señala esta bodeguera riojano alavesa. “De una gestión comprometida deducimos un producto responsable y viceversa. Es por ello por lo que se consolida una corriente empresarial que aboga por someter los procesos productivos a exámenes de emisión de huella de carbono”.
“Si bien es cierto que los procesos productivos de una bodega no pueden equipararse a los de la industria -explican los responsables de Ostatu- también lo es que no por ello este tipo de empresas están exentas de interactuar con el ecosistema”. Aunque muchos productores vitivinícolas mantienen respetuosas formas de trabajo, el uso de maquinaria y carburantes, los abonos, el transporte, la propia fermentación o el embotellado y embalaje pueden afectar al entorno. En Ostatu han sido los primeros en evitarlo gracias a las nuevas tecnologías.