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Se cumplen 40 años de la creación en Euskadi de la primera sociedad laboral


Cuatro décadas de ‘sales’

J. Blasco

 

Arriba, primer congreso de ASLE, a los 10 años de su constitución. Abajo, una imagen de la entrega del premio ‘Txemi Cantera’ en 2001, con el diputado foral Sabin Arana (centro) y el consejero Joseba Azkarraga (derecha).

Este año se cumplen 40 de la creación de la primera sociedad laboral en Euskadi. Un modelo surgido a finales de los setenta del pasado siglo, a raíz de la creación de un fondo gubernamental para préstamos con los que los trabajadores podrían adquirir acciones de sus empresas en crisis. Hoy son alrededor de 600 las ‘sales’ en el País Vasco, con más de 7.000 trabajadores, más de la mitad de ellas en el sector servicios, aunque el empleo industrial representa más del 50%.
Todo empezó con la propuesta del ministro de Trabajo en el Gobierno de Adolfo Suárez, Rafael Calvo, quien planteó una posible solución a las graves consecuencias de la crisis del petróleo de finales de la década de 1970, que había llevado a numerosas empresas vascas a realizar profundos ajustes, cuando no a la quiebra: la creación del Fondo Nacional de Protección al Trabajo (FNPT), que posibilitaba préstamos a los trabajadores para adquirir acciones de sus compañías.
“Ahí se vio la posibilidad de que este fondo se adaptara a la situación de la industria, algo para lo que no estaba destinado, pero la medida obtuvo buenos resultados”, recuerda Josetxo Hernández, gerente de ASLE, la asociación vasca de Sociedades Laborales y Empresas Participadas, y trabajador, en 1979, de la que fue la primera sociedad laboral en España, la guipuzcoana fabricante de herramienta Irimo, que atravesaba por graves problemas.

Actualmente existen en el País Vasco alrededor de 600

sociedades laborales con más de 7.000 trabajadores.

Solo las asociadas a ASLE (que suponen casi el 48% del

total) facturan al año más de 657 millones de euros.

Nace ASLE
Otras empresas en la misma situación, todas del sector industrial vasco, usaron este fondo para facilitar el acceso de los trabajadores al accionariado. “En ese momento, se creó una comisión gestora con siete empresas. Entre otras, Elma, de Mondragón, que tenía 900 trabajadores; Juaristi, de Azkoitia, con 400, e Irimo, que éramos casi 700”, explica Hernández. Tres años después, en 1982, se crearía la Asociación de Sociedades Laborales de Euskadi, ASLE, con 53 empresas y 4.500 trabajadores. Todas, grandes industrias.
Pero este modelo empresarial, en el que los trabajadores son los dueños mayoritarios del capital de su empresa, ha ido evolucionando con los años. Gracias a la primera Ley de Sociedades Laborales, de 1986, donde surgió la figura de la Sociedad Anónima Laboral, y a la segunda, de 1997, con el nacimiento de la figura de la Sociedad Limitada Laboral –que reducía considerablemente los requisitos económicos para crear una empresa y abría la ‘sal’ a otros sectores–, el número de sociedades laborales se incrementó exponencialmente.
 

Reconocimiento, en 2017, a los presidentes que ha tenido ASLE a lo largo de su historia. En la imagen, con la consejera San José.

Además, aunque la industria fue inicialmente el cobijo natural de las ‘sales’ la diversidad fue aumetando con los años, incrementándose las dedicadas al comercio y la hostelería, principalmente, además de a la educación o a las comunicaciones. En 2007, las sociedades laborales vascas llegaron a su máximo potencial, contabilizándose más de 1.000 empresas. Pero la crisis económica de 2008 supuso otro punto de inflexión. Comenzó un retroceso progresivo en el número de ‘sales’, aunque este modelo jurídico soportó mejor las dificultades que otros.

El modelo societario

“El comportamiento de las sociedades laborales frente a las sociedades convencionales es mucho mejor en términos de supervivencia”, explica el gerente de ASLE. De hecho, según Hernández, si muchas de las empresas en concurso se hubieran transformado en sociedad laboral, habrían subsistido. Además, las ‘sales’ dejaron atrás la crisis antes que otro tipo de empresas. En 2014 arrojaron ya datos positivos en facturación y empleo y frenaron el retroceso de años anteriores. A partir de ahí, la mejora ha sido progresiva. Actualmente, las sociedades laborales cuentan con más de 7.000 trabajadores, mientras que las empresas asociadas a ASLE (que suponen el 47,8% del total) facturan 657,2 millones de euros.
Cabe señalar, por otro lado, que desde la pasada asamblea general, celebrada en mayo de 2018, ASLE ha pasado a dar cobijo y respuesta a todas las empresas participadas, sea cual sea su modelo jurídico. “Las empresas del futuro van a ser participadas o no serán”, asegura Hernández, quien deja claro que es necesario que los trabajadores participen en la gestión y el capital de las empresas. 

Una solución ‘transitoria’

Herramientas Irimo, ubicada en Urretxu (Gipuzkoa), fue la primera empresa vasca en convertirse en sociedad laboral. Tras 15 meses sumida en una situación incierta, sin suministros, acuciada por los acreedores, sin financiación y con un pasivo de más de 1.000 millones de pesetas, en febrero de 1978 entró en suspensión de pagos. El revulsivo fue la contratación, pocos meses después, del eibarrés Ramón Iriondo, como director, consejero delegado y presidente de la compañía. El 27 de marzo de 1979 su proyecto para reflotar Irimo –con el acuerdo y sacrificio de los trabajadores, y el respaldo de proveedores y entidades financieras– recibió el visto bueno de la Secretaría General de Protección del Trabajo, lo que posibilitó que recibiera un préstamo de 250 millones de pesetas (el 10% del total del Fondo de Protección al Trabajo) para que sus trabajadores relanzaran la empresa, ya desde la propiedad. La decisión de la plantilla de hacerse con las riendas de la compañía no estuvo exenta de críticas por parte de otras empresas en crisis, ni de los propios sindicatos –aunque solo al principio–, ante una solución calificada de “burguesa”. Hasta el propio comité de empresa de Irimo, pese a estar satisfecho por haber salvado los casi 600 empleos de la compañía, llegó a considerar la fórmula de sociedad laboral como una “solución transitoria”, tomada porque no había tiempo para obtener otros medios para mantener los puestos de trabajo. La dirección de la empresa, sin embargo, estaba convencida de que era la única manera de reflotar y hacer perdurar a Irimo. El tiempo les ha dado la razón. En la imagen, el entonces consejero de Trabajo, José Ignacio Arrieta, charla con Ramón Iriondo, en una visita a Irimo. 
Publicación:
04/04/2019
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