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PEDRO LEARRETA. SOCIO DIRECTOR DE GARRIGUES PAÍS VASCO Y NAVARRA


La protección de los secretos empresariales

PEDRO LEARRETA

 

La experiencia enseña que la mejor manera de proteger la privacidad pasa por tratar como íntimos aquellos aspectos de nuestra vida que de verdad valoramos como tales: mantenerlos en un ámbito de rígido control personal y restringir su acceso a terceros, en la medida en la que no queremos que lo tengan, es sin duda la mejor garantía de que esa parcela vital que apreciamos como estrictamente propia no será desvelada. Esta idea, que responde al elemental sentido común, es hoy extrapolable en términos jurídicos al terreno de los denominados secretos empresariales, de cualquier clase e importancia, sean tecnológicos, científicos, industriales, comerciales, organizativos o financieros.
Así resulta con rotundidad de la reciente Ley 1/2019, de secretos empresariales, publicada el 21 de febrero de este año y en vigor desde el mes de marzo. La nueva regulación, por un lado, configura el secreto empresarial como el objeto de una propiedad especial, distinta por lo tanto de las patentes o del resto de las modalidades de propiedad industrial o intelectual (que tienen sus propias reglas y ámbitos jurídicos de protección), y, por otro, delimita su concepto en unos términos ciertamente amplios, hasta el punto de que la tutela jurídica se extiende a toda clase de documentos, objetos, materiales, sustancias, ficheros electrónicos u otros soportes que contengan el secreto empresarial o a partir de los cuales se pueda deducir, siempre y cuando hayan sido mantenidos en secreto.
La Ley eleva pues el nivel de defensa jurídica del que hasta ahora gozaba el empresario para preservar sus activos intangibles, y lo hace siempre que estos disfruten de un valor económico intrínseco y no sean de conocimiento general. En línea con estas ideas la nueva norma, generosa como es en la protección, resulta igualmente exigente en sus requerimientos, al reclamar al titular del secreto que, para merecer dicha tutela, la información o el conocimiento en cuestión hayan sido objeto de medidas razonables para mantenerlos en secreto.
No cabe en definitiva aspirar al amparo de la Ley, y con ella al de los tribunales de justicia, si previamente, dentro de su ámbito organizativo, el empresario no ha hecho sus deberes: es insuficiente con que el secreto exista y sea valorado como tal, puesto que además debe protegerse de manera preventiva frente a potenciales agresiones. Por decirlo de una forma más coloquial, no puede esperarse un escudo legal eficiente para los activos intangibles si antes no se es diligente en la custodia de lo propio.
En una dimensión práctica, la rigurosa definición legal nos lleva a preguntarnos cómo se mantiene en secreto un secreto. La Ley, sin presentar un catálogo restringido de actuaciones, destaca, por ejemplo, la importancia de los acuerdos de confidencialidad o la de los pactos que limiten contractualmente la utilización de los datos protegibles cuando estos son puestos a disposición de terceros en el marco de una colaboración, pero a ello podrían sumarse, con carácter más general, cuantas iniciativas quepa poner en marcha razonablemente (es decir, con un coste proporcionado y sin impacto negativo sobre el funcionamiento  de la empresa) en la preservación del conocimiento empresarial, ya sean materiales o inmateriales, personales, informáticas o mecánicas.
Una vez que el secreto reúne todas las condiciones que jurídicamente lo elevan a la categoría de secreto empresarial, y solo entonces, su titular, si es víctima de cualquier acto de obtención, utilización o revelación ilícita –es decir, no consentida- podrá acudir al juzgado y solicitar el cese de las conductas infractoras además de la reparación de todas las consecuencias económicas negativas resultantes de las mismas, a través, entre otras fórmulas, de la indemnización de los daños y perjuicios sufridos o de la destrucción, o incluso entrega al perjudicado, de aquellas mercancías en las que se haya materializado la violación del secreto empresarial.
Las nuevas reglas legales son jóvenes y el desarrollo a que den lugar en su aplicación e interpretación está aún por ver, pero su enunciado nos propone ya la esencia de la solución jurídica a cualquier conflicto en la materia, que no es otra, como por fortuna y a menudo sucede en el derecho, que la que demanda la lógica: el amparo judicial solo es posible cuando ha existido una previa y genuina defensa empresarial del secreto, que solo entonces será un secreto empresarial.

 

Publicación:
04/06/2019
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